Yo me amo (o al menos le pongo mucho ovario) – Parte 2

Por Gabriela Berta*

Podemos rechazar aspectos internos, como miedos, ansiedades, inseguridades, desbordes, mezquindades pero la forma en que los nos relacionemos con esas partes marcará una rotunda diferencia no sólo en la relación con nosotras mismas sino también en el que podamos encontrar o no la forma de trabajarlos, sanarlos y transformarlos.

Es común encontrar gente convencida de que es necesario tratar a sus peores aspectos con desprecio y agresividad para diferenciarse de ellos, como si no fuesen parte de la misma persona.

Lo más curioso es que esta actitud no hace desaparecer aquello que nos molesta. Más bien todo lo contrario. Tiende a resentirse, a agravarse, a camuflarse en otras emociones lo que hace más difícil detectar la raíz del conflicto.

Se debe procurar la mejor relación posible con nuestras peores partes. Reconocerlas, admitirlas, respetarlas ya que es nuestra responsabilidad transformarlas.

Si en el primer artículo marcamos la diferencia del amor a uno mismo respecto del egoísmo, el orgullo y el narcisismo, debemos también analizar la figura que se encuentra en el otro extremo.

Me refiero a quienes demuestran padecer el síntoma de la “generosidad nerurótica”1.

Este tipo de personas son aquellas que <no quieren nada para sí mismas> y sólo viven para complacer a los demás, se sienten orgullosas de no considerarse importantes.

Tratan de suprimir su astucia y perspicacia para no dejar de ser amables, aún en circunstancias opresivas y de malos tratos. Aunque tomar esta actitud puede ser considerado como un acto heroico socialmente aceptado y valorado, en realidad sólo demuestra que, como los aspectos egoístas, orgullosos y narcisistas, son igualmente incapaces de amar. Amar es dar pero en la misma medida es recibir y pedir amorosamente, es autoafirmarse y actuar con coherencia.

El amor, considerado como la memoria que la Unidad tiene de sí misma y que se manifiesta como respeto, solidaridad y cuidado es una actitud hacia todas las cosas, incluyéndonos a nosotras mismas.

No podremos desarrollarnos si somos la criada de todo el mundo. Es necesario que sepamos aflorar de la tensión que nos supone darnos nuestro lugar. Lo digo por mí misma, lo digo recordando situaciones cercanas que me superaron, lo digo de cara a seguir aprendiendo, a seguir intentando.

¿Es de eso que se trata, no?

 

1 Término de Erich Fromm, extraído de El arte de amar

* Gabriela Berta
Correntina, vivió la mitad de su vida en Buenos Aires. Enamorada de su pueblo natal desde donde intenta acomodarse en lo laboral (“volví hace poco y estoy descubriendo formas independientes e innovadoras de trabajar que me ayuden a seguir creciendo profesionalmente y me permitan tener la calidad de vida que busco”) y sueña que le vaya bien para poder brindarle el mejor futuro a su familia, cuando llegue.
Lic. En Relaciones del Trabajo –UBA, Formación en Coaching Ontológico – EFL
Fundadora de Tauro_ Recursos Humanos
Fundadora de Acción de Gracias, productos de taller que próximamente hará su lanzamiento.
Perfil público profesional en linkedin 

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