UFF (Con mayúsculas): Secretos de una mamá viajera

Cada vez que tenía que viajar por trabajo, sufría toda la semana previa, me costaba (me cuesta) dejar la familia, la casa, la rutina. Se me clavaba la espada de Damocles en la panza, me sentía culpable, la peor madre del mundo y aledaños, de t-o-d-o me pasaba.

Así de catastrófico.

Es que congeniar trabajo, carrera profesional y maternidad no es fácil y quien te diga lo contrario tiene un buen terapeuta.
Toda mamá por más canchera que esté en algún momento (aunque sea por un pico hormonal o la falta de una siesta reparadora) pasó por la etapa de “Esto no es para mí”.

 

No voy a entrar hoy en detalles ni en debates sobre el rol de la madre/mujer o mujer/madre, su desarrollo profesional, la maternidad…madres hay muchas, como deseos de cada una de realización, objetivos cumplidos y formas de hacerlo.

 

En mi caso, sacando el hecho de que debo trabajar porque lo necesitamos para sostener la casa (dicho en criollo antiguo, no me queda otra) decidí dejar la multinacional y “la posibilidad de desarrollar una carrera en ascenso” (en palabras frías y corporativas) porque la presión, cantidad de viajes mensuales y sobrecarga de trabajo no eran compatibles con MI (y aclaro MI) forma de vivir desde que nació la peque. No obstante, y por el tipo de actividad que tengo, debo viajar aunque pude elegir que sea con menor frecuencia.

 

Me gustaría contarle a otras en igual situación secretos y vivencias para que la experiencia de ser una mamá viajera sea un poquito mejor.

 

¡Pasajes en mano que salimos!

 

Pre-embarque: En casa

 

  • Borrate de la cabeza el “nadie mejor que yo para…”
  • Antes de viajar, revisá tu red de apoyo y sobre todo pedí ayuda. Pedir una mano no es un signo de debilidad, pedirla es ser capaz de delegar y de darle al otro un voto de confianza. La familia cercana o las amistades pueden hacer su parte, aunque sea con un llamado a quien se queda para ver si necesita algo.
  • Descontracturate un poco. Que coman desprolijo unos días no es un dramón. Salvo que tengas un bebé muy chiquito el andar haciendo, mientras haces la valija, kilos de milanesas, tuppers con nombres ordenados por color, según el día y la temperatura ambiente… está de más. Quien esté a cargo no los va a dejar sin comer, por algo lo designaste para esa misión ¿o no?
  • Lo mismo con la ropa (si a vos te hablo, no te rías) aunque les dejes todo combinado, es ley que se van a poner lo que quieran, en el orden que quieran, más si papá debe ayudarlos. Ya sabemos que, como todo papá, no distingue el color coral del naranja o el caqui del marrón (¡y muy bien que así sea!). Mientras sepan dónde está la ropa limpia es suficiente.

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  • Avisá al colegio que salís de la ciudad y quien retirará a los chicos esos días. Las seños además estarán atentas a cualquier cambio de ánimo o necesidad del infante. Algunos pueden extrañar un poquito y un abrazo o palabra de aliento nunca está de más. (¡¡Gracias seños!!)
  • Si tus hijos ya son más grandes, hablá con ellos de los planes de esos días, pediles que colaboren en casa, deciles que te pueden llamar si lo necesitan y que estarás de vuelta para contarle muchas historias de un mamá aventurera.

 

Altura crucero: de viaje

  • Aprovecha los tiempos en aeropuertos y en traslado para hacer algo que te guste. Yo por ejemplo tengo un libro siempre a mano, un cuaderno de ideas para futuros posteos, la cámara de fotos y buena música. Miralo como un momento con vos misma, un ratito para poner pie en freno. Hace algo para sacar tus pensamientos del “ay pobre de mí”.
  • Si viajas con alguien más, aprovecha para charlar de otras cosas que en el día a día laboral no pueden, está bueno conocer el lado B de la gente.
  • Cuando llegues a destino, y siempre que el tiempo de trabajo te lo permita, conocé el lugar, comé afuera y no en la habitación, date un gusto comprándote una chuchería foránea.
  • En el trabajo o reuniones concéntrate en eso, sacale el jugo al máximo: nuevos contactos, nuevas ideas, nuevos puntos de vista. ¡Un día que no tenés que pensar que cocinar esta noche!
  • No te quedes afuera de los planes que realicen tus compañeros tanto si viajas en grupo o que tus anfitriones te inviten a alguna actividad extra laboral. Fuera de horario se hablan de otros temas, se conocen restaurantes y platos distintos, se entablan buenas relaciones para futuros proyectos y se te pasa el tiempo más rápido.
  • Registrá con fotos así podrás mostrarle a tus hijos cuando vuelvas donde estuviste y que aprendiste.
  • Tenemos una ventaja por estos tiempos, gracias a la tecnología podés contactarte a diario y verlos incluso por Skype. Cuando llames mostrate animada y preguntá como fue hoy, lo que harías cualquier otro día si estuvieses presente. Deciles que pronto volverás y que te esperen con tu comida preferida (de paso les das una tarea divertida para hacer en equipo)

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  • Disfrutá de una buena peli o de ver la tele local. ¿Hace mucho no te tirás y hacés zapping sin pensar en más que eso? Podés divertirte mucho, te lo aseguro.

 

Aterrizada: Ya de vuelta

  • Apagá, dentro de las posibilidades, todo contacto con el mundo laboral: celulares, mails, computadora. Es momento de estar con quienes extrañaste y te extrañaron.
  • No tengas miedo en pedir un día extra en casa para ponerte al día con la familia y reponerte del trajín. Si sos buena trabajando y tus objetivos fueron cumplidos, tus superiores deben oírte. Muchas (me incluyo en mis comienzos) tienen miedo a que solicitudes como estas sean un impedimento de crecimiento profesional, créanme no hay trabajo que valga tu salud.

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Resumiendo: delegá, disfrutá y aprendé. La trilogía para que tu viaje de negocios sea provechoso.

Espero te sirvan mis tips y si tenés alguno, ¡bienvenido!

 

 

Algunas de mis fotos “on trip”, siempre vuelvo con una historia para compartir 

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